Salud digestiva

El ardor de la transición hormonal: tu guía sobre el reflujo ácido y la acidez estomacal

Esa sensación de ardor en el pecho después de comer. El sabor agrio en la boca. La molesta sensación de que la comida se te regresa. Si nunca habías tenido acidez estomacal y ahora, de repente, buscas antiácidos, los cambios hormonales pueden ser la razón.

¿Qué está pasando en tu cuerpo?

En la parte inferior de tu esófago hay un anillo muscular llamado esfínter esofágico inferior (EEI). Su trabajo es abrirse y cerrarse en el momento justo, para dejar pasar la comida al estómago y evitar que regrese. El estrógeno y la progesterona ayudan a mantener el tono de este músculo.

Cuando estas hormonas disminuyen, el EEI puede debilitarse o relajarse demasiado. Esto puede permitir que el ácido del estómago vaya en la dirección equivocada, suba al esófago y cause ese ardor tan conocido.

Consejos prácticos para apagar el fuego:

¿Necesitas alivio rápido después de comer? Mastica un chicle sin azúcar.

Por qué funciona: masticar estimula la saliva, que ayuda a neutralizar el ácido del estómago y te hace tragar más seguido. Tragar más ayuda a que el ácido regrese al estómago, donde debe estar.

Cómo hacerlo:

  • Elige un chicle sin azúcar que no sea de menta ni de hierbabuena, porque esos sabores a veces pueden relajar el EEI.
  • Prueba uno de sabor a frutas o el clásico tutti frutti.
  • Mastica uno durante unos 30 minutos después de comer.

El esfínter esofágico inferior (EEI): la ciencia de una válvula que no cierra bien

El EEI funciona como una puerta entre tu esófago y tu estómago. Está hecho para abrirse un momento cuando tragas y luego cerrarse para mantener el ácido en su lugar.

Este músculo responde a señales de las hormonas, los nervios y el cerebro. Cuando el estrógeno y la progesterona están equilibrados, el EEI se mantiene firme y responde bien. Pero durante la transición hormonal, esas señales pueden alterarse. El estrógeno puede bajar de golpe o fluctuar, mientras que la progesterona suele relajar el tejido muscular liso. Juntos, estos cambios pueden hacer que el EEI se afloje cuando no debería.

Cuando eso pasa, el ácido del estómago puede subir al esófago, una zona delicada y con poca protección. Ahí es cuando empieza el ardor.

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